Hace varios días venía dándole vueltas al tema de la inmigración en nuestro país, esto debido a comentarios xenófobos leídos en redes sociales, que a esta altura sabemos aguantan cualquier cosa, y hoy leí la gota que derramó el vaso y acá estamos escribiendo.
Nuestro país, ha sido construido en base a inmigrantes. Si, aunque le duela, su sangre no es completamente originaria de Chile. Solo recordar que hace cientos de años fuimos invadidos por españoles, mujeres de pueblos originarios se enamoraron de hombres de tez más clara y viceversa, hombres indígenas hicieron de las suyas con damas españolas, y así nació el pueblo chileno.
Luego de eso, nuestro país ha sido un puerto donde inmigrantes de diversas nacionalidades han llegado buscando un futuro prometedor.
Sobre esa premisa de buscar un lugar mejor, le pregunto, ¿Cree usted que es fácil salir de su hogar buscando nuevos horizontes?
Personalmente creo que debe ser aterrador llegar a un país donde se desconocen las costumbres, y me imagino, aún peor si no se habla la lengua nativa del lugar a donde se está llegando.
Muchos de los nuestros han salido también buscando nuevos sueños, por razones políticas, de estudio o trabajo y han sido recibidos en esos otros puertos de hermosa forma.
Entonces, ¿Qué nos está pasando como sociedad, que cada día hay más agresividad a aquellas y aquellos que dejaron sus raíces persiguiendo sus sueños de una mejor vida? He escuchado decir «¡¿Por qué no se regresan a su país?! «, «¡Nos están quitando los trabajos!», «¡Los extranjeros están siendo subsidiados por el gobierno con mis impuestos!», y tanta otra barbaridad que duele.
Si, duele. Duele el saber que no tratamos como hermano al amigo cuando es forastero, como dice la popular canción.
Cada vez que se hacen públicos los delitos cometidos por extranjeros en Chile, se apunta hacia el aumento sostenido de migrantes que llegan al país. No obstante, las estadísticas desenmascaran en parte este mito y sostienen que solo el 0,36 por ciento de los extranjeros residentes en Chile se ven involucrados en estos hechos.
Soy orgullosa descendiente de inmigrante, que durante los años que estuvo en el país construyó su hogar y familia, trabajó como cualquier otro chileno, devolvió en su estadía en nuestro país dejando parte de su cultura y costumbres, para hacer una mejor sociedad.
Se ha puesto a pensar que muchos de los extranjeros avecindados en Chile están como refugiados, porque su país no les daba las garantías para una vida digna.
Personalmente estoy feliz de la mezcla de culturas que se ve en nuestras calles, ya que nos enriquece.
¡Bienvenidos todos y todas!
En la foto de portada, mis abuelos inmigrantes: Maria Noguera y Adolf Hornig Lobbe













































