Yo soy donante

En la última semana hemos sido testigos de las lamentables muertes del pequeño León y del joven José, quienes nunca perdieron la esperanza de recibir un donante.

Tenemos una larga lista de niños, jóvenes y adultos que esperan que un alma noble les permita seguir viviendo.

Nos jactamos de la gran solidaridad que tenemos como pueblo, pero si dejamos que otro León o un José mueran, de solidarios no tenemos nada.

En Chile todos somos donantes a no ser que manifestemos lo contrario al ingresar a un recinto hospitalario, ante una notaría, o hasta que nuestros familiares se opongan. Es en este punto, donde está la principal traba, ya que la mayoría de las veces, no se respeta la voluntad de quien sí deseó en vida donar sus órganos.

Hay mucho por avanzar en esta materia, sobre todo en la falta de conciencia social. Dejar atrás el egoísmo, las ataduras de la religión y dar vida a otros seres que la necesitan. No es fácil, nada nos obliga, pero si le damos una vuelta, y una vuelta larga, conversamos con la familia y reflexionamos, seguro que la respuesta frente a un momento tan difícil como este será un Sí.

Seamos más solidarios, y si no somos capaces de tomar una decisión así, entonces optemos por otras opciones, donemos sangre, donemos vida. Hablemos con nuestros seres queridos y expongamos, que SI somos donantes, y que se comprometan a llevar a cabo nuestro último deseo en esta tierra.

Quizás nos toca más profundo el caso de León y José por ser madres, pero también nos sentimos en pleno derecho de sentirnos fracasadas y desilusionadas del país en que vivimos y del cual contribuimos a ser mejor. La Ley existe, pero por cantidad de leyes que tenemos existen alrededor de 26.000 y de qué sirven si no cambiamos culturalmente, si no respetamos la decisión de nuestros seres queridos de donar sus órganos al momento de partir, si no somos capaces de diferenciar entre dar vida y otra oportunidad a quienes necesitan un órgano y guardarlos en un cajón de madrea a metros bajo tierra ¿qué calidad de seres humanos somos si no elegimos lo primero? No pretendemos armar juicios de valor a quienes deciden no ser donantes, pero al menos respeten la decisión de quienes queremos brindar a quienes sufren una nueva oportunidad para disfrutar la vida junto a sus seres queridos tal como nosotros o nuestros hijos lo han podido hacer.

León y José pudieron haber tenido otra vida, SI! Pero como sociedad fuimos egoístas con ellos y sus familias, no permitimos ni siquiera que León pudiera ir a jugar al jardín Infantil, que fuera al colegio o que tuviera un gran amor, como los que en este momento estamos pisando esta tierra lo hemos tenido. Con toda justificación podemos hacer este llamado, pues, ambas somos donantes y sabemos que el amor a nuestros hijos y a nuestras familias no será menor si en el momento de sus partidas tiramos sus órganos al cajón o los incineramos con ellos, al contrario, la huella de ellos seguirá en la vida de personas que necesitan esta oportunidad y siempre los veremos ahí por lo que su partida no será definitiva pues, ellos continuarán dando alegrías a otros.

Es hora de que como sociedad hagamos algo, se sabe que de cada 1.000.000 de habitantes en nuestro país, sólo 7 son finalmente donantes, la tasa de donantes ha sido la más baja desde que se promulgó la ley.

La familia de León nos ha dado una gran lección, donando sus órganos, para que el pequeño siga viviendo en otro ser humano, y de eso tenemos mucho que aprender.

EVELYN HORNIG OLIVARES                                    VALERIA PONTI RISSETTI

Vocera de Género Amplitud                                          Vocera de Inclusión Amplitud

@EveHornig                                                                     @ValeriaPonti