Yo sí vengo a hacer amigos

Estos últimos días me ha tocado escuchar en diferentes lugares la tan archi conocida frase “yo no vengo a hacer amigos”, que se plantea como una especie de escudo que nos pone en advertencia de que confraternizar no está entre los planes de quien la manifiesta, sino que por el contrario, sus intenciones son cumplir sus labores, cualesquiera que ellas sean, para luego retornar a una vida social que no contempla a quienes la rodean en ese ambiente.

Parece una expresión muy madura y certera, en especial para aquellos que han debido sufrir diferentes percances por culpa de involucrarse más de la cuenta con compañeros de trabajo, estudios o actividades varias. Muchos se escudan tras ella y otros tantos efectivamente la cumplen, logrando dividir su vida entre dos o más mundos que no se conectan entre sí, lo cual a su entender sería una forma saludable de evitar conflictos por socializar demasiado.

Pero según como lo veo yo, el no hacer amigos en el trabajo (por nombrar una actividad) es similar al evitar conocer a un chico para no tener que enamorarte y después sufrir por su causa… Desconoces si realmente eso va a ocurrir y solo estás perdiendo la oportunidad de contactarte con personas, experiencias y aportes en tu vida.

Las cosas pueden salir mal con alguien en cualquier aspecto en el que te relaciones con ella, pero no por eso deberías desquitarte con otras que puedan ir apareciendo en el camino en ese mismo contexto.

Las personas nos desarrollamos en un determinado ambiente en el cual suelen aparecer aquellos que se transformarán en nuestros cercanos, pero si la vida fuera lineal y predecible, no estaríamos destinadas a cruzarnos con tantas personas en nuestra evolución con el mundo de posibilidades que tenemos diariamente.

Estamos hechos para conocernos, para conversar, para entendernos y confiar. También estamos hechos para discutir, para desacordar, para romper relaciones, para reunir algunas de ellas y para armar otras nuevas, sin importar el contexto social en el que estas se den. Privarse de conocer a quienes te rodean es privarse de la oportunidad maravillosa de encontrar a alguien que le aporte riquezas a tu vida.

Muchas de las personas que conozcas seguramente pasarán sin pena ni gloria, pero unas pocas llegarán para quedarse, para enseñarte, para compartir y enriquecer tu existencia junto con la de ellas… Y esas personas pueden estar en tu barrio, en el trabajo, en la universidad, e incluso en la fila del supermercado.

Así que no te encierres tras una muralla de desconfianza que te aparte de estas posibilidades. Dale la oportunidad a las personas sin la necesidad de abrir tu mundo de buenas a primeras, y con el tiempo verás que unos pocos serán dignos de cruzar esa puerta y los conocerás en diferentes aspectos de tu vida, aún en aquellos en los que anteriormente no ha funcionado bien.