Una dama en la calle… y en la cama qué?

La personalidad, la crianza, las costumbres y otros factores nos condicionan a tener cierto tipo de comportamiento habitual. Nos esforzamos en definirnos como lo que en general demostramos de nosotras mismas a los demás, pero ¿qué pasa con lo que somos en la intimidad? Ese lado oculto que solo unos pocos pueden conocer y admirar, cuando las máscaras sociales quedan tiradas en el suelo junto con nuestra ropa

Todas hemos escuchado la famosa frase de “Quiero una mujer que sea una dama en la calle y una puta en la cama” Y me pregunto entonces qué tanto podemos cambiar nuestra forma de ser desde un aspecto al otro, la dama y la puta separadas por un pequeño umbral entre lo que hacemos con ropa y lo que hacemos sin ella, el umbral del sexo… ¿puede realmente una mujer ser dos mundos al mismo tiempo?

La lectura que inició una gran moda erótica indiscutidamente fue “50 sombras de Grey”, libro que a muchas nos hizo revolotear la mariposita de las fantasías, los roles y los juegos durante el sexo. Obviamente, ya que si la vida sexual es monótona la pareja no va a ninguna parte, es por eso que  cada vez nos atrevemos experimentar más en nuestra intimidad con tal de mantener la pasión y la originalidad que se va perdiendo después de las primeras veces.

Lo bueno es que en la actualidad las mujeres somos mucho mas libres en este aspecto, podemos mostrar a nuestras parejas claramente cuales son nuestros deseos y qué nos excita, incluso ahora es cada vez más usual comprar juguetes eróticos para salir de la rutina. Las mujeres hemos tomado el mando en la cama, nos atrevemos a exigir que se nos trate con el mismo reparo con que tratamos a los hombres porque nuestro placer es igual de importante que el de ellos.

Pero qué pasa cuando esta libertad sexual contrasta radicalmente con nuestra imagen diaria, la mujer, la estudiante, la oficinista, la madre… ¿Nos cuesta cambiar de papeles y sentirnos completamente libres en el sexo sin que nos atormente el perder la imagen diaria que hemos construido de nosotras?

Creo que muchas deben sentir lo mismo, es por eso que tal vez la mujer suele caer en el circulo vicioso de su auto encubrimiento sexual, una frustración que comienza en ellas mismas y las perjudica a ellas mismas. El miedo a no sentirse sexy, los complejos, la imagen seria y responsable que se teme perder. Todo conjuga para que el propio placer avergüence y se le pierda sentido al sexo.

Siempre me he preguntado si es acaso a raíz de esto que han aparecido en el mundo los disfraces sexuales, porque está claro que cuando nos disfrazamos podemos pretender ser otra persona y sentirnos libres de jugar con otra actitud. Pero realmente podemos encontrar modas de lo más curiosas, y no me refiero al relativamente aceptable disfraz de enfermera, si no que a cosas mucho mas bizarras, como el movimiento “Furry” que consiste en tener relaciones disfrazados de tu animal de peluche favorito, como si fueras la mascota del equipo de fútbol de alguna secundaria gringa.

Personalmente creo que no es necesario llegar a grandes extremos, las mujeres tenemos la capacidad de ser varias mujeres en una. En la vida nos toca interpretar muchos más papeles que los que le tocan a los hombres, nuestro mundo debe dividirse en más actividades que las de ellos. La mujer de día no es la misma que en la noche y la mujer en la oficina tampoco es la misma que cuida al hijo enfermo, así como esa mujer tampoco es la misma que se toma unos tragos con sus amigas. Nosotras somos dueñas de nuestra propia versatilidad, es por eso que no debemos temer ni acomplejarnos de ser unas fieras en la cama aunque en el día a día debamos demostrar una imagen mucho más recatada. No por eso hemos perdido nuestra autenticidad, ya que solo por el hecho de ser mujeres podemos permitirnos escribir nuestra historia con diferentes colores.