Morí para vivir

Llevaba 5 años y medio de relación, él era el hombre ideal, me trataba como una princesa, me hacía sentir segura, nuestros papás eran amigos, era detallista, romántico, no me era infiel y yo ponía las manos al fuego por él. Yo era su primera polola, con todo lo que eso significaba… varias primeras veces ¡Y todo era perfecto!

Era junio del 2011 y a finales del año teníamos planeado irnos a vivir juntos, nada parecía ir mal…

Pero una mañana desperté después de un fin de semana con él y tenía una sensación extraña. Como si estuviera viviendo en una cárcel, sentía el pecho apretado y me costaba respirar. Sentía miedo y sobre todo sentía que ya no quería estar más con él. En resumen… se me había ido el amor.

Fue tan intenso que lloré tres días seguidos hasta que pude conversarlo con la mejor consejera de todas: mi mamá, y ella me hizo la primera pregunta, que siempre es la más común: “¿Conociste a otra persona?”, pero la respuesta era no, ya que esa nunca fue la razón, así que me aconsejó y me dio la guía para tomar aquella difícil decisión.

Lo más difícil fue hablar con él, dar ese paso sabiendo que podrías destruir a otra persona, intentar hacerlo de manera sensata y lo mejor posible para que sea lo menos doloroso para ambos y no caer en un mal karma… pero aún así fue horrible.

Primero no lo aceptó. Logró convencerme de que no lo hiciera, me dijo que haría todo lo que fuera necesario para que yo me quedara a su lado y debido a todo lo que habíamos vivido yo cedí. Pero sentí un cargo de conciencia que duró dos días, durante los cuales me sentí terrible y desolada, hasta que no aguanté más y tuve que terminar esa relación definitivamente y a sangre fría.

Lo que vino después fue una semana llorando en todos lados; el trabajo, la casa, el metro y hasta en el baño. Decir adiós me dolía, ya que pese a todo lo que sentía, también tenía miedo de no saber si lo que hacía era correcto.

Después vinieron las explicaciones a todo el mundo, quienes no lograban entender que yo había terminado con él sin que hubiera otra persona involucrada, mientras yo intentaba rehacer mi vida y reencontrarme con aquellos amigos que debido a mi sumersión en esa relación de pareja había dejado de ver desde hace años.

Un día me encontré con alguien que hacía flores de Bach y comencé a seguir un tratamiento, y gracias a eso comencé a tomar conciencia de mí misma finalmente. Empecé a tomar decisiones sin importar lo que el resto opinara, ya que en el transcurso de una ruptura con amigos en común todos toman parte en algún lugar.

Comencé a viajar sola, a visitar los lugares que siempre había querido conocer. Mis vacaciones eran las más satisfactorias de todas, ya que estaba logrando alcanzar lo que siempre había querido. Sentí que comencé a generar magia en mí, pues mis relaciones con mi familia, con mis amigos y con mi entorno laboral comenzaron a cambiar para bien.

Por fin comencé a entender que los adultos vivimos en base a creencias familiares más que personales. Me hice una decodificación neurolingüística, que consistía en una conversación muy larga en la que logré sacarme las creencias y todo aquello que mis ancestros habían depositado en mi historia) y me di cuenta de que si hacía algo distinto a ellos no sería despojada de nada importante, solo me despojaría de prejuicios propios y lograría armarme tal cual soy, con mis defectos y todos mis potenciales.

Partí por cosas simples, como ir al cine sola, ir a carretear sola, ir a fiestas familiares sola… porque ya no me daba miedo tener que estar en pareja para tener una vida social. Logré concretar sueños que me había guardado durante años, como conocer Isla de Pascua, en donde pese a que el principio del viaje fue acompañando a mi hermana, después de eso me quedé tres días sola encontrándome conmigo misma.

Pude aprender a meditar, perdonar con técnicas hawaianas junto a Pedro Engel, y conocí gente maravillosa en el camino, junto con experiencias increíbles que forman parte de mi vida ahora.

Ahí empecé a escribir mi historia, a armar mis raíces y pasos que me habían llevado hasta ahí, pues siento que la vida y estar en la tierra es pura magia. En donde tus abuelos coincidieron en un momento, lugar y espacio para luego dar vida a tus padres, quienes tuvieron sus propias vivencias para luego coincidir y darte la vida.

Y dejé de hacerme responsable de las cadenas de infidelidad que vienen desde hace tantas generaciones atrás repitiéndose en mi familia. Abandoné amores podridos con grandes ansias de manipularme, olvidé historias de familiares arrogantes y trancas que no me pertenecían.

Ahora estoy en un camino en el que sé que nada es coincidencia ni mala suerte, ya que los errores son grandes y hermosos aprendizajes. Estoy disfrutando lo que yo deseo de mi vida y no hago cosas por obligación.

Dije adiós a los prejuicios, a aquellas grandes mochilas familiares de las cuales yo me hacía cargo pese a que no me correspondía y le di la bienvenida a lo que el universo me tenía preparado aquí y ahora… ¡Y todo en un solo paso!