¡Monstruoso síndrome premenstrual!

La mueca de dolor es inevitable. Solo de pensar en el síndrome premenstrual nos vienen los peores recuerdos de tantos que hemos vivido. Son la eterna condena femenina desde que entramos en la pubertad hasta la menopausia, ya que tendremos sagradamente nuestro periodo todos los meses a menos que estemos embarazadas o con alguna condición de salud que nos lo impida.

Es el símbolo de nuestra fertilidad y de nuestro paso de niñas a mujeres… y ¡lo odiamos!

No hay mujer que no piense lo mismo, vemos acercarse esos días y ya sea por desequilibrios químicos propios del periodo menstrual o por nuestro mismo condicionamiento comenzamos a deprimirnos y sufrir el llamado “síndrome premenstrual”. Si, aquel que pareciera aterrorizar más a los hombres que a las mujeres, que apenas presienten que una anda “premenstrual” comienzan a evadirnos ¡como si nos hubiera poseído el demonio!

Un pololo inteligente es aquel que en esos días nos acompaña, nos mima y regala chocolates (porque sabe que subirán inmediatamente los niveles de serotonina provocando un aumento en la sensación de felicidad, que tanto nos hace falta) ¡Un pololo que huye de la zona de peligro es aquel que no va a salvarse de la furia del monstruo hormonal en que nos convertimos! ¡Aténganse a las consecuencias!

Es verdad, fuera de broma, todo nos parece peor aquellos días y hay que comprendernos, no es justo pero es lo que nos tocó. “Fulanita se siente mal, tiene un intenso cólico menstrual, cansancio, letargo, desanimo, impaciencia, quiere irse rápido a su casa para enterrase en la cama acostada en cuclillas con un guatero encima”, podría ser la descripción de cualquiera de nosotras en esos días ¿verdad?

Sumémosle a todo este malestar la terrible paranoia del “accidente menstrual” que nos tiene corriendo al baño a cada rato para mirarnos la cola como si fuéramos unas bailarinas de zamba y nos ha llevado a entrenar a nuestras amigas e incluso a amigos y novios para que se alejen dos pasos de nosotras y “nos miren atrás” mientras rezamos para que siga todo normal y nuestro día no se arruine por la tragedia más temida por las mujeres en su periodo… y que lamentablemente todas hemos sufrido alguna vez…

Las mujeres y su periodo han dado inicio a tantas historias, mitos y clichés que podría escribirse un libro histórico. En especial, a los hombres les parece simpático el hecho de que nuestros cambios hormonales nos conviertan en cajitas sorpresa que pueden contener una bomba que estalla inesperadamente.

Nuestro humor puede ser tan variable dependiendo del día del mes, que es fácil para ellos decir “Anda como loca, debe estar con su periodo”. Pero la verdad es que hay razones reales para nuestra pseudocondición de locura menstrual, el síndrome pre menstrual ha sido objeto de diversos estudios y hoy se sabe que su causa es una serie de cambios hormonales y psíquicos ocurridos los días previos a la  menstruación. También sabemos que durante la menstruación podemos tener episodios dolorosos que se conocen popularmente como “dolor de ovarios” pero en realidad su nombre es Dismenorrea, que no es otra cosa que contracciones uterinas (si, similares a las que una tiene al tener un hijo) y a eso se le pueden sumar otros síntomas como dolor de cabeza, nauseas, vómitos, malestares gastrointestinales, debilidad debido a la anemia por pérdida de sangre y dolores corporales varios… imposible sentirse feliz en esas condiciones!

Métodos para sobrevivir a la montaña rusa menstrual hay varios y la verdad conviene consultar con un ginecólogo porque ninguna mujer es igual a otra. Para algunas funciona muy bien comenzar a consumir anticonceptivos, ya que ellos regulan nuestro ciclo, otras prefieren los tratamientos sintomáticos con analgésicos o té de manzanilla y otras simplemente son fieles al guatero salvador.

Como sea es nuestra batalla mensual, puede que te conviertas en Juana de Arco peleando una guerra o Depredador comiéndote a quién se te cruce por delante, nuestra menstruación y todas sus consecuencias, rutinas y anécdotas son parte de lo que nos otorga ese maravilloso encanto de seres fuertes e impredecibles que somos las mujeres.