Bitácora de una separación…

Pensando en todas las etapas que una puede pasar como mujer tras la separación, creo que me encuentro un una particularmente extraña. O a lo mejor yo la encuentro extraña y es de lo más normal… quién sabe.

Empiezo por comentarles que soy una mujer modernamente separada, ya que en estos tiempos no es necesario casarse para poder separarse. Es extraño eso, pero real. Tengo una hermosa hija, fruto de lo que alguna vez fue una bonita relación y de la cual lamentablemente ahora sólo quedan ruinas de las cuales ambos nos hemos encargado de crear, pero que por ahora sólo me lo recuerda esa pequeña que se transformó en el centro de mi mundo.

Recuerdo haber pasado varias etapas al momento de la separación, la primera fue larga y dolorosa, ya que fue al mes de nacer mi hija y, obviamente eso se juntó con todos los cambios hormonales que vienen después de un parto. Horrible. Mejor no hablar de ciertas cosas. Luego vino la tan temida etapa de “volver a las pistas”, el darse cuenta de que una está otra vez en el juego, pero con ese temor de no saber si una se acuerda de cómo jugar. Al final cuando tomas la seguridad suficiente, te das cuenta de que es como andar en bicicleta.

Posterior a que una logró revivir esa autoestima perdida, viene la inevitable etapa de “vivir en Plaza Italia”, o como se dice popularmente, que todas las micros te sirven… Aún así, tratas de mantener un parámetro para no caer en el tan temido apodo de “maraca”, pero el gustito de sentirse vigente junto con la sensación de recuperar el tiempo perdido puede llegar a ser bastante adictivo. Hasta que se entra en razón, te das cuenta de que ahora debes dar el ejemplo y que esa no es la manera de salir adelante. Pero hay que vivirla para saberlo.

Luego te tranquilizas, agregas los filtros necesarios y vuelves al ruedo, pero ya con una visión más seria del asunto. No necesariamente buscando pareja estable, aunque eso depende de cada una, pero sí al menos estando (un poco) más clara de la situación. Y es aquí donde empiezas a tomar en serio a esas conquistas que pasan delante de ti… y vuelven los problemas típicos de conocer a alguien.

Es en esta etapa en donde una se puede sentir tan identificada con aquella Cristina de “Soltera otra vez”, ya que podrías instalar una pastelería con tanto pastel que se encuentra en el camino… Aunque sigo creyendo que son absolutamente necesarios para ayudarnos a saber lo que realmente queremos.

Y de ahí en adelante, lo que sigue no sé si le ha pasado alguna, pero me siento un poco extraña, ya que desde hace un tiempo he preferido alejarme de las pistas, un poco decepcionada de los hombres de mi generación, que no logran entender el concepto de lo que es una mujer que no busca necesariamente un compromiso y pierden el respeto por todo y todas, sólo por quedar de cancheros, y no se dan cuenta de que el que mucho abarca, poco aprieta como decían las abuelitas. Ya que una cosa es no tener compromisos y la otra es que te tengan pa’ la palanca.

Por eso mismo es que ahora estoy con una reacia sensación a conocer a alguien. No digo que voy a estar así para siempre o que me cierro por completo, es sólo que ahora que sé lo que quiero, ya no tengo la necesidad de andar probando. Sé también que si no me arriesgo, no voy a saber lo que me espera con esos candidatos que nunca faltan, pero algo dentro de mí me dice de antemano que no son lo que quiero… y a veces hay que saber escucharse.

Obviamente me doy cuenta de mis otros tipos de necesidades… y reconozco que tengo un conflicto interno, pero hasta el momento he ganado. Aunque no niego que si me llego a encontrar con esa persona que me haga mover todas las hormonas de mi cuerpo, y además estoy clara que va a ser sólo el momento, es bastante probable que pierda la batalla, pero en ese caso puedo hacer una excepción. ;)

Bueno, y es así que me encuentro ahora disfrutando mi soledad, a pesar de que cierta parte de mi teme que le quede gustando y con el tiempo convertirme en la vieja de los gatos, pero a mi favor digo que me encantan los gatos!! Tampoco espero un príncipe azul que venga a rescatarme en su caballo blanco y me prometa un reino completo, sólo quiero un hombre que sepa lo que quiere, me valore por lo que soy y no prometa nada, sino que demuestre con hechos.

Y mientras tanto, procuro por el bien de mi hija… y de mi gato…

¡Gracias por esta columna amiga Alejandra Arce! @ColorArce