¿Y qué pasa si no me quiero caer del árbol?

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Después de llegada cierta edad o de haber ya navegado la recta de los veintisiempre, las preguntas constantes son las mismas ¿cuándo madurarás?, ¿cuándo empezarás a ser una persona más seria?, ¿cuándo cambiará tu actitud de niña mal criada?, sin entrar en detalles por supuesto del ¿y cuándo te casas? Y el maldito ¿y la guagüita cuándo? Ese queridas es tema para un próximo debate.

Buscando mil manuales e instructivos de conducta juro que no logré encontrar un referente capaz de simplificar lo que significa madurez, por más que traté de encontrar un sinónimo apropiado que me pudiera explicar en profundidad el “ser adulto” no pude (honestamente) llegar a explicármelo. Y es así como llegué a analizar comportamientos de personas “maduras” que navegan siempre a mi alrededor. Busqué situaciones, comportamientos y hasta formas de ver la vida y con toda la franqueza del mundo no llegué a una definición clara de un “ser adulto”.

La sociedad siempre nos ofrece diferentes patrones de comportamiento, podría incluso aseverar que un número no menor de la población acude a terapias para ordenar su vida, clarificar comportamientos, incluso, buscar alternativas al comportamiento innato del ser humano. Pero, ¿qué pasa cuando tu propia personalidad sobrepasa el hecho de querer o poder madurar?

Podría buscar mil interrogantes, pero siempre llegó a lo mismo, ¿por qué he de creer que tomando una actitud seria y serena voy a convertirme en un adulto?, no era Fito Paez el que decía que es sólo una cuestión de actitud?. No nos pongamos serias señoritas, la edad terrenal no tiene nada que ver con la edad funcional. Qué hay de malo en seguir siendo una niña, cuál es el problema de querer reírme de la vida y disfrutar con ella. Dejémoslo en claro, las responsabilidades no tienen nada que ver con la forma de actuar, vivimos ya en una sociedad que nos encasilla tanto en nuestros roles de trabajadoras empoderadas, mujeres independientes y esclavas del qué dirán, entonces, ¿para qué darle tanta importancia a querer ser una eterna mal criada?

Las conclusiones son siempre las mismas, al que no le guste simple, siga su camino, sino ría conmigo y siga agarrándose de este árbol colorido y lleno de alegrías del que (al igual que yo) muchas no se quieren caer.

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