¡Vivir con un hombre es una locura!

Llega un momento en la vida de muchas mujeres en que tomamos la decisión de dejar atrás nuestra libertad e irnos a vivir con nuestra pareja, y con libertad me refiero a cualquiera que sea nuestra situación pre-convivencia, vivir con los padres, con amigas, solas, etc.

Lo que sea que viviste antes de vivir con un hombre ¡olvídalo! Porque es el inicio de una nueva aventura en la que pese al amor que los une, ¡se vivirán grandes guerras!

Al principio todo es perfecto, lo amas, lo necesitas y pasarías con él las 24 horas del día porque lo extrañas demasiado cuando no está. Por eso cuando dan el siguiente paso y deciden dejar sus antiguos hogares para armar uno juntos suena como si la promesa del edén fuera posible, ves todo color de rosa… despertar con él en la mañana, desayunar en la cama, cocinar el almuerzo del domingo juntos, meter su ropa en la lavadora, verlo como todo un campeón cambiar la ampolleta de la lámpara o sacar la basura… un sueño… todo hasta que aquellos detallitos que te parecían adorables al principio, comienzan a irritarte gradualmente hasta llegar al punto de la furia. ESE es el momento en que te das cuenta de que estás viviendo con alguien de una especie completamente diferente a la tuya, con costumbres y comportamientos que muchas veces van a hacerte sentir que vives con un extraterrestre.

Hace un tiempo conversaba con unas amigas del tema, todas vivimos con pareja y comenzaron a salir las mañitas de nuestros cónyuges a discusión. El novio de una tiene la manía de morder el control remoto hasta deformarlo, duerme con pantalones de futbol y cree que Chuck Norris es dios, el marido de otra es un obsesivo del orden, plancha sus camisas por 15 minutos y le gusta lavar su ropa con shampoo de pelo porque «así no se maltrata» (no comments)… y al marido de mi otra amiga le encanta rascarse “sus partes” mientras pasea en calzoncillos por la casa y luego ¡hacerle algún cariñito a ella en la cara! ¡me muero!

¡Hombres! Los adoramos, pero a veces quisiéramos que vinieran programables. ¿No sería maravilloso entrar a configuraciones y anotar: baja la tapa del inodoro, levanta tu ropa sucia del baño o no te duermas en el sofá, por ejemplo?, ¿Por qué será que ellos no logran ver aquellos detalles que nosotras sí?, ¿Será que realmente pensamos todo de manera diferente?

Mi mejor amiga me comentó hace unos días que cuando se fue a vivir con su marido él se dedicó a hacer “desaparecer” todos y cada uno de sus adorables e infantiles vasos con animalitos, como para “marcar territorio” me explicó… y yo pensaba en mi amor, que para marcar territorio decidió convertir nuestro baño en una biblioteca… ¡ay! ¡Hombres!

Estaba por decirle todo esto a mi marido la otra noche, cuando vino a la cama comiéndose un alfajor de chocolate y yo puse mi mejor cara de bruja… en ese momento me detuve a pensar en aquellas cosas que él también debe odiar de mi… una hora arreglándome antes de salir de casa, los calzones de abuelita que antes ocultaba al fondo del cajón y a estas alturas ya son de uso diario o mi manía de acumular revistas, libros y tazas de té en el velador… Sí, nosotras también tenemos cosas que deben volverlos locos y la verdad se quejan bastante menos. Cambié la cara, le sonreí y lo abracé mientras le quitaba el control remoto y me comía la mitad de su alfajor.