Mujeres de consuelo, el terrible crimen de Japón

La ocupación forzada japonesa que dio inicio en el año 1910 fue uno de los períodos más oscuros que vivió la sociedad coreana y es un tema que, entendiblemente, aún está en la memoria del pueblo coreano. Fueron casi 35 años de sufrimiento, dolor y humillación, un intento inexcusable del terrible imperio japonés por intentar borrar la identidad y el sentimiento nacionalista de Corea.

Hoy en día, ese tormento histórico arrastra consigo una conmoción antijaponesa que aún se puede notar en la actualidad. Por parte de Japón, las autoridades poseen una visión y sentido de la historia distorsionado y, hasta el día de hoy, intentan ocultar y alterar los hechos, lo que lleva a que aún no exista una disculpa formal hacia los afectados.

Durante la ocupación japonesa, los ciudadanos coreanos no eran tratados como seres humanos. Se les prohibió ejercer derechos fundamentales como la libertad de expresión, el derecho a la asociación, y además de ser sometidos a la explotación laboral, eran vistos netamente como un recurso para producir y mejorar las condiciones de vida de los japoneses. La situación empeora durante los años en que ocurre la segunda guerra mundial, dando paso al eufemismo de “mujeres de consuelo”, jóvenes obligadas a convertirse en esclavas sexuales a temprana edad por parte de los militares japoneses.

Engaño, brutalidad, violaciones y desconsuelo son las palabras para describir cómo tomaban a la fuerza a niñas a través de la bestialidad para esconder la mediocridad y deshumanización existente.

Los soldados japoneses en reiteradas ocasiones secuestraban mujeres desde sus casas o en la calle amenazándolas con disparar. Otra vía era engañarlas, asegurando que podrían trabajar en fábricas y recaudar dinero para sus familias, pero si no accedían les arruinarían la vida. Paradójicamente, y de manera aún más cruel, destruyeron la vida de aquellas mujeres.

“Las mujeres de consuelo”, nacen de una supuesta “solución” para evitar las violaciones reiteradas por parte de los soldados japoneses y, a partir de esto, prevenir las enfermedades sexuales que habían matado a miles de militares, reduciendo a los individuos que iban a la guerra, en adición de dar un “consuelo” a los soldados a través de una visión retorcida, se llegó a la conclusión de captar mujeres del extranjero para satisfacerlos de manera despiadada. Los testimonios que quedaron de mujeres abusadas y violentadas durante la traumática ocupación japonesa dejan entrever la barbaridad; niñas violadas reiteradamente, golpeadas y maltratadas, dónde su única esperanza era suicidarse y morir para alcanzar la paz, la cual no llegaría de manera pronta pues estos eventos marcarían su historia aún después de la muerte.

Al presente, el gobierno japonés trata de ocultar y minimizar la tortura y suplicio que vivieron las mujeres coreanas de la época, lamentablemente aún podemos ver como siempre se trata de culpar, subestimar y despreciar a las víctimas. Se espera que los cientos de miles de mujeres que sufrieron puedan encontrar conciliación y justicia. La visibilidad del tema es necesaria para que la historia no se repita, y desde una mirada internacional se acompaña y apoya en la lucha por la claridad de los horrores del pasado.

¿Por qué Japón imperial intentó prevenir las violaciones por parte de los soldados, con más violaciones? ¿Por qué el Japón moderno sigue ignorando estos crímenes de guerra imperdonables?

Miren este documental para obtener más información:

 

Ensayo por Catalina Briones