Mereces lo que sueñas…

Sin darnos cuenta ya estamos en una época en que comienzas a hacer el recuento del primer semestre del año y hay quien piensa, como yo, que hay que luchar hasta el final por aquellos objetivos que nos planteamos en un comienzo.

Hasta que no queden más fuerzas… porque en estos tiempos donde la ley del mínimo esfuerzo es patente y garantía, no es más que un conformismo absurdo y la negación de todo lo hermoso que puedes obtener de la constancia y la voluntad, no haber conseguido lo que nos propusimos al comenzar enero.

Es mi propia ley de vida la que me motiva y levanta de cualquier caída, eso es lo que me dice el corazón, eso es lo que me hace recapacitar cuando me doy cuenta de que me he equivocado, y luchar es tener la valentía y el coraje de saber que la vida no te ofrece garantías, pero sí te asegura un camino lleno de cosas nuevas que aprender.

Que el miedo al error paraliza el alma y entonces la felicidad se transforma en un sucedáneo que no te permite tocar la felicidad de verdad, ese viaje maravilloso que es apostar por algo o por alguien que está en tu vida, y que positiva o lamentablemente no concretamos en este poco tiempo.

Tomar decisiones es una virtud que muy pocos tienen. Más bien es la vida la que nos empuja a dar pasos en direcciones no siempre correctas, y me pregunto; ¿por qué siempre esperar para llegar al límite?, ¿tanto nos cuesta dirigir nuestras propias vidas?, ¡cuanto miedo se puede llegar a tener, cuanto!… el miedo nos deja paralizados mirando simplemente como la vida nos pasa por en frente, así como por casualidad, dejando pasar los momentos, personas, el amor real, la esencia de las cosas.

Yo no me quiero dejar engañar por la fantasía, yo no vivo de mis sueños si no que vivo para cumplir mis sueños. La magia es un segundo superfluo que nos deja un sabor exquisito, pero desaparece muy pronto.

Yo prefiero trabajar por tener una vida de placeres eternos y sólidos, sencillos, humildes pero verdaderos, yo voy caminando por un lugar lleno de oportunidades, lleno de certezas que el dolor me ha enseñado, pero dejo atrás ese dolor para vivir mi propia vida, sola o acompañada, quien sabe. Pero cuando se descubre quién se es en esta vida, todo es más fácil y el saber no es un absolutismo, no es una certeza ciega ni soberbia, es simplemente saber cómo te llamas y a qué ritmo late tu corazón.

«Mereces lo que sueñas» así dice una canción de Cerati y yo le creo…