La obra póstuma de Richard Swift, «The Hex», estará disponible a través de Secretly Canadian

Every colour now is shining through…

Esta letra simple y algo burbujeante debería de ser la antítesis de un disco inequívocamente lleno de ambientes de pérdida devastadora, duelo, depresión y ansiedad. Pero quizás después de muchos clavados nocturnos a la obra maestra póstuma de Richard SwiftThe Hex, estas son las palabras que se quedan girando alrededor de tu cráneo. Viene plegada al final de la desenfadada y alegre ‘Dirty Jim’, una canción sobre el abuso de sustancias; las mentiras que te dices a ti mismo cuando estás aferrado; y los seres queridos que lastimas en el proceso. Esta frase es un destello de esperanza y belleza y levedad. Swift creía en, y buscaba la verdadera belleza. Así que, incluso en su punto más corrosivo y sardónico, The Hex es hermoso. La paleta de Swift en la vida y el arte era casi siempre en escala de grises. Pero aquí estamos, con esta canción para recordarlo. Y cada color está brillando.

Richard Swift siempre era de explorar. Explotó géneros obsoletos y empujó los límites, inspeccionó la totalidad de la experiencia humana, y voló mentes en el proceso. Era un sherpa del estudio y un viajador musical, con devaneos en oro de AM color sepia, krautrock, fuzzed-out garage, soul de ojos azules y pop barroco. Ya sea como productor, músico acompañante o por su cuenta, se podía garantizar que siempre estaba desenterrando algo. Sólo pregúntale a Damien Jurado, Chrissie Hynde, Dan Auerbach, James Mercer, Laetitia Sadier, David Bazan, Nathaniel Rateliff, Sharon Van Etten, y muchos otros que contaron con Richard como co conspirador, colaborador, mentor y amigo. El alcance de sus habilidades no puede pasar desapercibido. Además de producir, componer, mezclar y ser ingeniero, Richard era un instrumentista dotado. Entre sus créditos se incluye piano, voz, batería, xilófono, bajo, órgano, guitarra, banjo —foto y diseño de empaque. Decir que era el músico de los músicos sería no hacerle justicia.

Aunque es muy conocido por sus aportaciones a bandas como The Shins, The Black Keys, Damien Jurado y, más recientemente, Kevin Morby y Lonnie Holley – sus aportaciones a Dressed Up For The Let Down siguen siendo un clásico del underground – un álbum expansivo que de alguna manera es una sola pieza impresionante, a partir de la producción excéntrica de Swift y su habilidad por escribir música variada. En su catálogo, canciones como ‘The Songs Of National Freedom’ y la infinitamente pegadiza de Atlantic Ocean, ‘Lady Luck’ brillan como puntos focales accesibles e innegables, donde burbujear bajo la superficie como la bizarra y brillantemente graciosa ‘The Bully’ del Ground Trouble Jaw EP, sirven como obsequios para aquellos que conocían y entendían su personalidad. Su trabajo solista ofrece más recompensas si te adentras profundamente al meollo, y para aquellos que lo hicieron, The Hex ha demorado mucho en salir.

Su primer lanzamiento formal desde 2009, The Hex fue concebido en 2012; encontrando su base conceptual en 2016; y finalizado un mes antes de su muerte con planes concretos para lanzarlo, The Hex es la gran declaración que los seguidores de Swift han estado deseando pacientemente todos estos años; todos sus poderes reunidos en un álbum de larga duración después de una carrera con algunas de sus mejores canciones en EPs y 45s. En esencia, The Hex es un doloroso llamado al vacío a la madre de Swift (‘Wendy’) y a su hermana (‘Sister Song’) a quienes perdió con solo un año de separación. Escuchas a un hombre en su punto más bajo y espiritualmente en sus talones. El dolor que alimenta los llantos de Swift – “She’s never comin’ back” en ‘Nancy’– es difícil de escuchar. Hay momentos en este disco en donde es difícil seguir escuchando pero hay alguna especie de catarsis oscura para cualquiera que haya perdido a un ser querido ante la fría abstracción de la muerte. El llanto de Swift se intensifica más y más sobre un sinte que gorjea, en lo que podría ser su interpretación vocal más devastadora registrada. Es tan real y cruda que Swift tuvo que retocar el performance con un ligero efecto de estudio, sin el cual el dolor podría ser difícil de tolerar.

The Hex se presenta como The Hex For Family and Friends. Sus canciones están llenas de detalles y referencias que significan más para aquellos que lo conocieron mejor, que pusieron atención a su arte, a las frases con las que tenía una fijación. Al igual que su artista visual héroe Ray Johnson, Swift tenía un don para crear un mito personal, un chiste interno cautivador y elusivo. Convertía sus ansiedades en personajes de caricatura y frases crípticas. Un fan obseso del doo-wop, los inicios de Funkadelic, Bo Diddley, Beefheart y Link Wray, Swift les da a todos un momento de iluminación en la fogata de The Hex, un momento para hacer una cara de sombras para nosotros, su familia y amigos. Al final del día, Swift hubiera preferido que te cagaras en los pantalones por reír que llorar a lo largo del disco. Con este fin, nos da la bombástica y boba ‘KENSINGTON!’, una narrativa de una expedición destinada a fracasar — que puede ser la llave maestra a todo esto. Hay ratas y avispones y algún enemigo desconocido por ahí en la oscuridad. Y tú sólo sabes que no hay forma que Kensington y su equipo salgan de esto vivos. En el caos, estos exploradores condenados comienzan a disparar. Swift se ríe sobre lo absurdo de dedicarse a hacer sonidos como forma de luchar contra tus propios demonios, poniéndose muy meta sobre la vida, la muerte y la música – y donde todos zarpan del peñasco proverbial juntos:

UNA SECUENCIA DE ECOS, BANG! UNA SENCUENCIA DE ECOS, BANG!…Y LUEGO UN LARGO SILENCIO….ES GENIAL.

Muy fácil.

— EO Deines, 8/3/18

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