La ironía de la media naranja

De tantas frases clichés que se escuchan para definir el amor, una de las que me causa mayor molestia es la “media naranja”. Me parece un concepto demasiado inapropiado para compararlo con una relación amorosa, ya que pese a que la fascinación inicial suele hacer parecer que todo funciona perfectamente, la gran mayoría de las veces el amor resulta ser una pieza de lego funcional, pero mal encajada.

Si mujeres y hombres fuéramos parte de la misma fruta tendríamos que asumir desde el inicio que algo muy extraño le pasa a la otra mitad… o hubo un gusano dejando sus huellas o alguna mutación cambió el color y sabor, porque si la otra mitad fuera exacta, básicamente estaríamos saliendo con un clon de nosotras mismas.

Yo creo que todo este embrollo viene generado por la gran ironía humana que nos hace vivir en un mundo social, formado por familias y comunidades en las que convivimos día a día chocando nuestros caminos innumerables veces y manteniendo siempre la misma sensación de soledad pese a estar rodeados de gente. Y el concepto de media naranja al menos nos promete el ideal de que en algún lugar del mundo debería estar alguna otra persona que haga sentir completas todas nuestras carencias llenando aquel vacío que la soledad nos hace sentir durante gran parte de la vida.

Fingimos que aquella persona que estamos buscando tiene que ser a la medida exacta de aquello que nos hace falta, cuando si en realidad el mundo fuera una gran canasta de frutas lo más seguro es que las uniones entre ellas se verían gráficamente más como una piña-manzana o una uva-plátano.

Puede ser que en esa fase de enamoramiento y fascinación que experimentamos al inicio de una relación nosotras proyectamos en él todo aquello que necesitamos para sentirnos completas, y sus características personales pasan de repente a convertirse en aquello que “siempre buscamos” aún cuando no lo sabíamos hasta ese momento, creando así la sensación de completa armonía de pareja… lo cual lamentablemente suele ser pasajero, puesto que si no logramos asumir las diferencias desde un inicio pasaremos muy rápido a la fase de “cambiaste, antes no eras así…” que precede al final de la ilusión.

A mi parecer es mejor pensar que somos una especie de ensalada de fruta en la que encontraremos el ingrediente perfecto para hacer la receta de una buena combinación que funcione durante mucho tiempo, pero en la que también tendremos otros sabores agregados a la vida, como las amigas, el trabajo, la realización, los gustos personales… Que pueden ser sabores que a veces no vayan muy bien con nuestra pareja, pero aún así pueden funcionar bien si es que le damos a cada ingrediente su medida justa.