El destacado músico de la Conchalí Big Band, Francisco Gallegos, narra cómo este proyecto musical salvó su vida y le ha permitido vivir emocionantes experiencias como músico, entre ellas el concierto inmersivo “Océano”.
Comenzó con clases grupales, luego particulares y después de esos primeros cinco meses de aprendizaje, recibió la invitación para sumarse a una de las orquestas populares de Jazz más conocidas a nivel nacional. Así empezó la historia de Francisco Gallegos en la Conchalí Big Band, en 2013, cuando solo tenía 14 años. Hoy en día describe el honor de tocar en esta agrupación musical del sector norte de la Región Metropolitana como algo único que le ha permitido entender qué significa ser parte de un proyecto musical de estas características y con décadas de historia.
“Si nos vamos a lo superficial, mi ego diría que ser de la Conchalí es lo mejor que me ha pasado en la vida. El nombre y prestigio que tiene la orquesta, no lo tienen muchas, si es que no es la única, músico que le preguntes sobre la Conchalí Big Band la conoce, o te habla muy bien de ella. Como también se dice que todos los que salen de ahí, son puros músicos buenos. Entonces ese prestigio también posiciona un poco sobre el promedio de la escena, ya que el salir de ahí prácticamente te asegura ser un muy buen músico”, comentó el saxofonista.
Pero ser parte de este conjunto musical es algo que para este joven músico tiene una importancia trascendental en su vida, porque probablemente, sin esta oportunidad, habría tomado otros caminos.
“Pensando más profundamente y viendo el impacto que tuvo en mi vida ser parte de la orquesta, me quedo corto de palabras. Viviendo en poblaciones segregadas como es acá en Conchalí, es super fácil caer a las drogas, la delincuencia, el tráfico o en bandas delictivas, ya que es el común de la población en jóvenes. Más atrás mencionaba que con mis compañeros de curso quedamos impactados por el sonido de la trompeta, porque si solo estás acostumbrado a escuchar balazos, peleas, sirenas, ver un instrumento así es como la puerta al cielo”, comentó.
“Uno de los compañeros con los que postulé, lo mataron hace dos años por problemas con bandas rivales, otros andan salvándose robando en las micro y otros traficando drogas. Obviamente no todos cayeron a lo mismo, pero al menos yo me pude salvar gracias a la Conchalí”, afirmó Francisco.
CONCIERTO OCÉANO
Desde sus primeros años en esta Big Band, este músico ha sumado una serie de experiencias significativas en su carrera musical, entre ellas lo vivido en el año pasado reciente, cuando fue parte del ciclo de presentaciones en vivo del Concierto “Océano”. Se trató de una experiencia inmersiva, que mezcló la música y lo audiovisual, con diversos shows en establecimientos educacionales y espacios culturales de Santiago.
En esta entrevista entrega mayores detalles sobre la importancia que tiene para él ser parte de la Conchalí Big Band, de “Océano” y cómo vivió estos conciertos en primera persona, no solo tocando, sino también compartiendo con el público de cada ocasión.
¿Cómo describirías hasta ahora la experiencia de los conciertos Océano?
“Hermosa. Nunca habíamos interpretado conciertos temáticos y éste en particular tuvo un significado muy especial. El mensaje que nos propuso Emilio lo percibo como una forma de protesta, una invitación a cuestionar y reflexionar. Esta temática es poco común, no solo en lo musical, sino también como una crítica hacia nosotros mismos como sociedad. Nos insta a reflexionar sobre la importancia de cuidar y respetar nuestro océano.
Las imágenes que acompañan este concierto son espectaculares. Como decía Emilio, nuestro océano es frío, oscuro, incluso turbio en algunas regiones, pero esta perspectiva nos permite comprender mejor la verdadera naturaleza de nuestros mares. Aquí en Chile, el Pacífico no es como lo vemos en la televisión o en las películas: no es siempre celeste, con arena blanca y aguas cálidas.
Este concierto también buscó educar a los espectadores, ayudándoles a conocer la riqueza de nuestro mar, su flora y fauna, tomando conciencia de la importancia de protegerlo. Es una experiencia que combina arte, reflexión y aprendizaje, una invitación a valorar lo que tenemos”.
¿Cómo has observado el recibimiento de los estudiantes escolares ante este concierto?
“Los conciertos educacionales fueron muy gratificantes, la recepción de los niños fue inesperada. En un momento, pensé que sería mas complicado, ya que llevar jazz a un colegio, considerando el contexto cultural del país, es muy complejo. Pero, así como yo quedé impactado al ver una trompeta a los 14, pude percibir lo mismo con los jóvenes al ver el gran sonido de la orquesta. Varios niños impactados por el sonido y la versatilidad de la orquesta al interpretar varios estilos. Y sin duda lo mejor y el punto de mayor conexión ocurrió cuando invitábamos a los niños a probar los instrumentos. Esto hacía una conexión mucho más especial con ellos, ya que de cierto modo empatizaban con nosotros o se hacían parte de lo nuestro y el show tomaba otro horizonte cuando ellos eran capaces de entender lo que hacíamos y lo que es estar ahí parado frente a todo el colegio tocando”.
¿Qué destacarías o qué es lo que más te gusta de la experiencia de ofrecer el concierto Océano?
“Lo que más destaco es la especie de ‘’protesta’’ y el mensaje que entrega. Primero porque no es algo común, no es un show que puedas ir a ver vez que quieras, ya que sale de lo común, entonces lo siento como una protesta por que va en contra de lo cotidiano que la gente acostumbra a ver. Y lo otro es el mensaje. En la época que estamos viviendo, donde hay mucha música vacía y sin sentido, o que no tiene mucho que entregar mas que entretenimiento, querer entregar un mensaje de cuidado al medio ambiente lo hace muy especial y ojalá toda la gente lo pueda conocer”.
¿Cómo ves el presente y futuro de la Conchalí Big Band?
“La Conchalí como escuela ha perdido fuerza. Es allí donde yo aprendí y aprendieron mis compañeros, es allí donde se les cambia la mente a los ‘cabros chicos’ a salir de lo cotidiano, a olvidar la vida de población y conocer el arte y los instrumentos. Ese es el semillero, en esa instancia se forman los grandes músicos que podemos ver hoy día en la escena musical. La escuela sigue funcionando, pero no con la misma fuerza de antes. La falta de financiamiento municipal y estatal la ha llevado a una triste decadencia. Afortunadamente aún hay compañeros que siguen creyendo en el proyecto y a puro esfuerzo intentan mantener la escuela en pie.
Ansío que las autoridades correspondientes algún día puedan tomarle el peso a proyectos artísticos como Conchalí Big Band y tantos otros proyectos culturales que están aportando a la comunidad desde la autogestión o mínimo financiamiento. Se trata de una iniciativa que enriquece la vida de miles de personas. La cultura no solo la hacen los artistas, sino que también la hace el público, los artistas somos felices haciendo lo que hacemos, pero la gente común y corriente, la que sale todos los días tempranito a trabajar, lo que más quiere el fin de semana es ir a un concierto a escuchar música, a ver teatro, cine, museos, obras de arte y distraer sus mentes con lo que nosotros los artistas podamos entregarles. Proyecto como la Conchalí Big Band y su escuela no les sirven a unos pocos, sino a todos”.








































