¡El comienzo de una aventura a pedales! – Capítulo 01 del viaje

¡Hola! Somos Diego y Anika, dos viajeros chilenos que decidimos salir de nuestro país en mayo de 2017 a buscar nuevas aventuras. Bicicleta y mochila son nuestras grandes compañeras en este viaje que iremos relatando en escritos, fotos y videos.


¿Hacia dónde vamos? ¡Donde nos lleve el viento!
¿Cuánto tiempo viajaremos? Todo lo que podamos.
Dejamos hecha la invitación a todos los que quieran viajar con nosotros, a leer los datos de viaje que entregaremos, a ayudarnos con tips, ofertas de alojamiento, ducha, comida o buena conversación en cualquier ciudad del mundo… ¡seguro que por allá llegamos!

Salimos de Santiago de Chile el miércoles 3 de mayo en un vuelo de la aerolínea Sky a las 8:30 am. El tiempo pasó muy rápido desde que planificamos el viaje que surgió a partir de una idea fallida: el 10 de marzo partiríamos rumbo a Chiloé a pedalear por la isla y por parte de la Patagonia, pero una semana antes de salir, mi compañero se accidentó escalando y tuvimos que suspender. Fue así como una noche, entre las ganas de viajar frustradas y una muy entretenida herramienta de skyscanner, nos encontramos con una opción para volar Santiago-Tokio-Santiago por $450.000 (unos USD 600), que estuvimos a un tris de comprar y que finalmente descartamos porque una compra impulsiva de esa magnitud no suele ser la mejor idea. Lo importante es que ver que llegar al otro lado del mundo no nos costaría millones fue lo que encendió en nosotros la idea de viajar largo y así, ejercicios más y ejercicios menos nos movilizaron a comprar los pasajes a Montevideo, Uruguay, con la intención de atravesar el país y subir por el sur de Brasil hasta São Paulo, desde donde están las alternativas más económicas para salir del continente americano. Así, el 17 de marzo ya teníamos pasajes comprados y fecha de viaje y aunque aún nos quedaban poco menos de 2 meses, no fue sino hasta unos días antes que empezamos a prepararlo todo, en evidente estado de premura, casi urgencia. Y, como es de suponer, varias cosas no dl todo importantes se quedaron sin hacer y ya está, ¡nos vamos! La noche antes del vuelo nos quedamos hasta las tantas preparando nuestras mochilas y dejando varios temas cerrados a través de internet. Menos de 2 horas de sueño y el despertador sonaba a las 5:30 am, dejándonos el tiempo justo para despabilar, vestirnos y estar prestos a las 6:00 am para salir. Mi papá nos llevaría al aeropuerto y yo me di el tiempo, incluso, para una breve ducha. 5:50 y Shogun, mi gatito de tan sólo unos meses de edad, reclamaba mi atención insistentemente. Lo tomé en brazos y seguía quejándose y yo pensaba «pobrecito, está triste porque nos vamos» al tiempo que bajé la cabeza y vi que se estaba cagando sobre mí ¡mierda! Lo más rápido que pude escobillé parte de mi polerón y pantalón y los sequé un poco con el secador de pelo. Me reí, en serio me reí con el mejor ánimo. Ya está, ¡chao Arrayán!
A penas una semana antes de viajar habíamos decidido llevar nuestras bicicletas, en vista que Diego estaba bastante recuperado de la rodilla. Recorrer Uruguay en bici sería una buena aventura, una linda forma de conocer el país y una excelente forma de ahorrar, por qué no decirlo. Estábamos dejando Chile con un presupuesto bastante acotado, en vista que nuestros autos no se vendieron antes de salir. La venta quedaba a cargo de nuestros respectivos padres, quienes muy amablemente se ofrecieron a ayudarnos con la tarea. Unas semanas antes de partir, me encontré con un vecino en el supermercado, quien se había enterado por Facebook de la venta de mi auto y en ese encuentro me preguntó él por qué de la venta.

– Me voy de viaje – le expliqué, escueta.
– Mira que bien, ¿dónde?
– Quiero recorrer el mundo- le dije con una amplia sonrisa
– ¡Oh! Que maravilla. ¿Y por dónde empiezas?
– Volamos a Montevideo con mi pololo – le expliqué
– ¿En serio? Sabes que yo tengo un apartamento allá, voy seguido por el trabajo, cuenta con él si así lo necesitas…
– ¿De verdad? ¡Sería excelente! Se lo voy a comentar a Diego, seguramente te voy a cobrar la palabra pues estamos buscando las alternativas más económicas siempre, ¡es la única manera de viajar largo! – le dije para cerrar la conversación y me fui pensando, una vez más, en cómo todo se va alineando cuando las cosas tienen que ser. ¡Universo generoso!

Llegamos al aeropuerto a buena hora. La espera para el check in era algo larga y como andábamos con nuestras bicicletas embaladas en cajas, cuales televisores LED, Diego se fue hacer la fila y yo me ubiqué a un costado con el carrito. Por ahí justo estaba un counter disponible para los clientes VIP y como nadie venía, la chica me hizo pasar. Llamé a Diego rápidamente y nos chequeamos. Habíamos pagado una cifra bastante razonable por llevar las bicis ($38.000 por ambas, unos USD 50) y estábamos listos cuando notamos que la dependienta no nos pedía nuestras mochilas. Al hacérselo notar ella nos dice: «pero si ustedes sólo pagaron por llevar equipaje deportivo y y está chequeado. Esta es una aerolínea low cost y sus pasajes sólo incluyen equipaje de mano». ¡Mieeeeeeerda de nuevo! ¿Cómo se nos pudo ir ese «detalle»? Y es que, claro, la recientemente inaugurada aerolínea low cost, Sky, es la primera en Chile y si bien yo había viajado en otras partes del mundo bajo esta modalidad, no conecté con la verdadera definición de «low cost», ya que en nuestro país suele estilarse que las compañías adopten conceptos de este estilo desde el punto de vista más marketero que tan real. Ante nuestra sorpresa, la chica nos sugirió pagar por una de nuestras mochilas, cargarle el mayor peso a esta y apostar a que la segunda pasara como equipaje de mano, de lo contrario nos pararían al subir al avión y tendríamos que pagar más de lo que se nos cobraba en el counter ($17.000 pagamos por la mochila, aprox. USD 25. Si nos cobraban por la segunda al abordar, serían $25.000, USD 32 más). Decidimos correr el riesgo y no tuvimos problema con la segunda mochila al abordar.

El vuelo fue e de poco más de 2 horas, tiempo que mayormente dormimos. Como buena aerolínea de bajo costo, pareciera ser que hasta saliva ahorra el capitán y la tripulación pues nunca nos dijeron cuánto tardaríamos, qué hora era al aterrizar, qué temperatura había ni ningún tipo de información útil. ¡Bue! Bajamos del avión, hicimos el ingreso en policía internacional y nos conectamos al wifi -gratuito- del Aeropuerto Carrasco en Montevideo. Sorpresas más, sorpresas menos, nos encontramos con un whatsapp de parte de mi vecino en el que nos indicaba que hubo problemas con el apartamento y que no podría prestárnoslo. Y por algún motivo, ni a Diego ni a mí nos extrañó, con lo cual simplemente utilizamos una app para buscar hostel (variamos entre hostelworld, hostelbookers y booking), marcamos en nuestro mapa un par de alternativas y nos pusimos a la tarea de armar las bicis para pedalear los 30 kms. que nos separaban de nuestro primer destino: el centro de la ciudad.

Mientras mi compañero cumplía la tarea, yo me desvivía por intentar solucionar un conflicto con mi banco: pasó que el viernes antes de viajar quise usar mi tarjeta de débito en un cajero y esta falló. Al tercer cajero en que intenté usarla seguía fallando y me fui directo a mi banco a pedir ayuda; la tarjeta ya no quería funcionar. El problema era que estábamos a viernes y el lunes siguiente era feriado, lo que me dejaba sólo un día para solucionar. Mi -siempre resolutiva- ejecutiva me explicaba que normalmente una nueva tarjeta tarda 48 hrs. hábiles en estar disponible, pero que dado el caso y ante el sentido de urgencia, podría tener una nueva tarjeta el martes al mediodía, a retirar en sucursal del centro. El último paso sería activar la tarjeta al día siguiente de retirarla, es decir, cuando estuviéramos en el aeropuerto, justo antes de volar (el trámite no se puede hacer fuera de Chile). Y claro, entre las pocas horas de sueño y el imprevisto de nuestras mochilas, olvidé por completo activar la bendita tarjeta. Afortunadamente llevaba conmigo una copia de la misma, pero aún así nos dejaba intranquilos el no contar con una segunda de respaldo y ya en Uruguay no teníamos mucho más que hacer que comprender, por millonésima vez en la vida, que por más que uno busque controlar factores, todo queda en una simple ilusión de la cabeza, ¡de qué control estamos hablando! Y ya, un par de e-mails de ida y vuelta con mi super ejecutiva me bastaron para entender que no había mucho más que hacer, más que subirnos a nuestras bicis y pedalear a Montevideo (y más allá).

Continuará…

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A partir de hoy estaremos publicando las aventuras de Anika y Diego en Incorrectas constantemente. También pueden seguirlos y apoyarlos en su facebook del viaje: Mochicleteros

¡Suerte chicos!