El regreso de Tamara Correa al panorama musical no pasa desapercibido: vuelve con una propuesta profundamente conmovedora y valiente que la posiciona como una voz imprescindible del folclore contemporáneo chileno. Con el lanzamiento de su nuevo single “Culpa”, la artista abre una puerta a la memoria, a la denuncia y a la reparación, al abordar sin titubeos el abuso sexual infantil desde una perspectiva personal y testimonial. Esta cueca, lejos de evadir el dolor, lo transforma en un llamado urgente a romper el silencio y devolver la culpa a quien corresponde.
Con una trayectoria que la ha llevado desde el Conjunto Calicó hasta a Las Capitalinas, la primera banda de cueca urbana femenina en Chile, Correa ha sabido forjar una carrera que entrelaza compromiso artístico y social. Su nuevo EP, una trilogía que comienza con “Culpa”, marca una nueva etapa creativa en la que su voz no sólo canta, sino que también denuncia, recuerda y sana. En esta entrevista, nos sumergimos en su proceso artístico, en las heridas que decide mostrar y en el poder transformador que encuentra en la música.
“Culpa” es una canción profundamente personal y valiente. ¿Qué te impulsó a contar esta historia ahora, a través de la música?
El año pasado estaba con depresión, viviendo con mi esposo, mi hija mayor de 2 años y medio y la menor de 1 añito. La maternidad es muy ruda, sobre todo con niñas que se llevan por tan poco. Emocionalmente estaba muy inestable, el sentimiento de “culpa” y de “no ser suficiente” a flor de piel, castigándome por todo y más, con serias dificultades en mis relaciones afectivas y cuestionando incluso mi existencia. Producto de lo anterior se me reactivó la Colitis Ulcerosa (Enfermedad inflamatoria intestinal crónica), y duró varios meses, lo que me provocó síntomas físicos muy desagradables y dolorosos.
En este contexto, retomé psicoterapia y tratamiento médico, pero lo más importante fue que tomé la decisión de sanar: Un día de repente me di cuenta que mi vida completa, durante los 40 años que tenía, había estado con dificultades emocionales, desde que tengo memoria… Entonces comprendí que una de mis heridas, la más significativa, aún no se había cerrado y por eso decidí escribir… de repente estaba escribiendo una cueca, y luego otra y otra. Les puse melodía y las dejé ahí, guardadas… hasta que entendí que ese era el camino, la música como medio de soporte y sanación. Así nació la trilogía que hoy es un EP y lleva por nombre “No fue mi culpa”.
¿Cómo fue el proceso emocional de transformar una experiencia tan dura en una obra artística?
Este proceso fue y sigue siendo muy duro, hay toda una familia dañada y otra parte sigue guardando silencio. Mientras componía las cuecas se me aparecían recuerdos muy tangibles, cosas que había olvidado o mi cerebro había bloqueado. Luego, cuando comencé con la idea de grabar, tuve que contar mi historia a varias personas que ni siquiera conocía (es mucha la gente que conforma equipos de trabajo en la industria musical). Afortunadamente, la etapa de creación de imagen corporativa, diseño, arte visual, marketing, etc., fue dirigida por una de mis grandes amigas, la Poli. Ella propició instancias de creación colectiva con otras amigas muy cercanas, esa familia que se elige. En esos encuentros comíamos rico, tomábamos vinito y realizábamos actividades guiadas (lluvia de ideas), lo que de alguna manera nos hizo desprendernos de historias y experiencias dolorosas, lloré harto, pero también me reí.
La cueca tiene una fuerte carga cultural en Chile. ¿Por qué elegiste este género específico para una canción tan testimonial?
Esta respuesta es bien precisa, yo no tuve que elegir un género para hablar de esto, yo simplemente quise escribir sobre mi historia y naturalmente nació una cueca, porque es la forma poética que me nace escribir, me cuesta más escribir en prosa.
¿Qué rol jugaron América Paz y Nicolás Arce en el desarrollo sonoro de “Culpa”? ¿Cómo fue trabajar en equipo con ellos?
Con Ame trabajé en “Doña Eleonor”, donde tuvimos la posibilidad de conocernos personal y musicalmente, siempre admiré su talento y creatividad. Esa versatilidad y originalidad en su estilo de composición era lo que necesitaba para este proyecto, porque desde que nacieron mis canciones tenía claro que debían ser sólo para escuchar y debían tener elementos sonoros propios de la cueca, pero también impropios, era necesario desnaturalizar el género para hablar del abuso sexual infantil.
A Nico lo conocí en “Doña Eleonor” a través de la Ame, un músico, sonidista y productor musical muy talentoso, con mucho conocimiento de música y muy buen gusto. Ellos trabajan juntos en los proyectos musicales de ella hace muchos años, entonces era como lógico invitarlo también a mi equipo, y fue un real acierto, pues de esa manera se dio un trabajo fluido, con códigos musicales en común, muy profesional y cercano.
Ambos han cuidado y valorado la temática de las canciones, han respetado mis melodías, mis silencios, las lágrimas, la euforia, mi dispersión y locura.
Has hablado de este single como el inicio de una trilogía. ¿Puedes adelantarnos algo sobre las otras dos canciones del EP?
Después de Culpa apareció “Cómplices”, es que mientras escribía Culpa se me ocurrían otras ideas y no alcanzaba a contarlas en una sola cueca (duran 1,5 minutos aprox.) entonces apareció Cómplices, que habla de cómo “fueron pasando generaciones de pequeñas dañadas”, por el silencio perpetuo de su familia. Musicalmente tiene un tratamiento un poco más duro que Culpa, hay una base rítmica que se basa en samples y sintetizadores, en tanto la base armónica y melódica la protagonizan guitarras y un theremin. Finalmente surgió “Perdón”, que narra cómo esas lágrimas que ya estaban cristalizadas en mí, se transformaron en agua dulce y clara. Esta cueca es en tono mayor y tiene un diseño melódico más esperanzador que las otras dos cuecas.
¿Cómo ha sido la recepción del público hasta ahora? ¿Te ha sorprendido alguna reacción en particular?
Me he sentido abrazada, escuchada, comprendida, contenida… El público ha sido respetuoso, pero también muy protagonista, hay un par de reacciones que lamentablemente no me sorprenden, porque son personas que agradecen la canción porque se sienten muy representadas y nunca han podido hablar del tema. Este tipo de violencia es mucho más común de lo que muestran las estadísticas.
Además de cantante, eres pedagoga y trabajas con niñas y niños. ¿Cómo influye tu experiencia docente en tu mirada artística?
Yo dejé de trabajar en colegios un par de años antes de ser mamá, porque me enfermé. Ahora pretendo retomar con clases particulares. Sin embargo, fueron 10 años de trabajo en aula, donde definitivamente me desafiaba a diario, las niñas y niños son creativos por naturaleza, es su manera de jugar, y la creatividad no tiene límites ni esquemas, entonces eso es lo que trato de atesorar y mantener vivo en mis creaciones y propuestas artísticas…
“Culpa” interpela directamente a una sociedad que muchas veces prefiere callar. ¿Qué tipo de conversación esperas generar con esta canción?
En realidad, más que un tipo de conversación, mi intención inicial es que se converse, que deje de ser un tema tabú en las familias, que a las niñas y niños se les entreguen herramientas para prevenir, esto se logra poniendo el tema en la mesa, a nivel personal y político.
Desde Las Capitalinas hasta Doña Eleonor, has explorado diferentes fusiones musicales. ¿Hacia dónde sientes que se dirige hoy tu propuesta artística?
Mi propuesta artística “no tiene plan de vuelo”, soy Cantautora de raíz, creo canciones y las interpreto con lo que tengo, me nace escribir en verso, coplas, seguidillas, cuecas, sextillas, décimas, etc. Compongo cuecas, zambas, valses, canciones sin estructura definida pero siempre con influencias folclóricas chilenas y latinoamericanas, cada canción pide sus propios sonidos, timbres, texturas, diseños sonoros, etc. En el fondo estoy haciendo lo que más me gusta escuchar y cantar desde siempre, pero buscando originalidad y sin límites “técnicos o estilísticos”.
Finalmente, ¿qué mensaje te gustaría dejarle a quienes han vivido experiencias similares a la que tú relatas en “Culpa”?
El mensaje es invitarles a liberar esa culpa que nos inculcaron, a que hagamos comunidad y nos abracemos, nos cuidemos y nos sintamos protegidas. Frases como “no le cuentes a tus papás, porque esto es tu culpa y se van a enojar mucho contigo” en los oídos de niñas de 3- 4 años, es infame. La marca puede quedar para siempre y definir una vida llena de dolor, inseguridad, miedo, inestabilidad emocional, o simplemente poner fin a la niñez. Salir de ahí es el desafío, resignificando, declarando que “no fue mi culpa” y redirigiendo la culpa a quien realmente la tiene, eso es un acto de transformación del dolor al amor.








































