La cantante y compositora Gianella del Toro acaba de estrenar «Cuando me haga polvo», un nuevo single y videoclip que explora las preguntas que surgen en torno a la muerte, el recuerdo y la huella que dejamos en quienes nos rodean. La canción, inspirada en las raíces culturales del norte de Chile, combina elementos del folk latinoamericano con sonoridades vinculadas a las festividades tradicionales de la Región de Tarapacá, construyendo una propuesta que transita entre la reflexión y la celebración de la vida.
A propósito de este lanzamiento, conversamos con la artista sobre el proceso creativo detrás de la obra, la búsqueda sonora que dio forma a la canción, el simbolismo presente en el videoclip y los desafíos que enfrenta en una etapa marcada por la preparación de su primer álbum de estudio y su participación en el Festival Nacional de Escuelas de Rock.
¿Cómo nació la idea de escribir «Cuando me haga polvo» y qué te motivó a abordar un tema tan universal como la muerte?
La canción nace a partir del miedo y la desolación de recordar que existe la muerte, durante mucho tiempo en la infancia me perturbaba haberlo sabido, y despertaba en las noches llorando pensando en que mi madre podía morir un día o mi hermana, etc. luego ya de grande me atormentaba que eso me pasara a mí misma y dejar a mi hijo sin mi cuidado, aunque con el tiempo es un miedo que tengo mucho más controlado, me nace la reflexión sobre lo que hacemos mientras estamos vivos, que dejamos en las personas, quienes nos irán a recordar cuando nos toque partir, porque sinceramente yo si quiero que me recuerden las personas a las que quiero.
La canción plantea preguntas sobre el recuerdo y el legado. ¿Qué reflexiones personales aparecieron durante su proceso de composición?
La canción fue también una forma de entender que el legado no siempre es algo grandioso; muchas veces habita en los gestos cotidianos, en las memorias compartidas y en la huella emocional que dejamos en quienes nos rodean.
Originalmente el tema tenía una orientación más electrónica. ¿Qué te llevó a acercarlo a las sonoridades y tradiciones del norte de Chile?
Al comienzo la canción transitaba por una estética mucho más electrónica, pero sentía que algo no terminaba de conectar con la emoción que quería transmitir. Poco a poco fui acercándome a sonidos que forman parte de mi historia y de mi territorio. Incorporar elementos musicales vinculados al norte de Chile permitió que la canción encontrara una identidad más honesta con lo que soy como artista. Fue una manera de volver a las raíces para hablar de algo tan profundo como la vida y la muerte.
¿De qué manera las festividades populares de Tarapacá influyeron en la identidad musical que finalmente adquirió la canción?
Las festividades de Tarapacá son espacios donde conviven la celebración, la espiritualidad, la memoria y la comunidad. Desde pequeña he participado. Escuchando a las bandas de bronces, lakitas y orquestitas con violines, acordeón y percusión que se forman para cantarle a Dios y a la tierra, usan siempre una escala pentatónica que es muy tradicional y amigable que inspira a la fiesta. Musicalmente aparecen ecos de esas celebraciones, para intentar darle jolgorio a esa partida que muchas veces es tan melancólica porque nos dejan quienes queremos, pero en realidad ellos van a un lugar mejor .
El videoclip incorpora una representación simbólica de la muerte a través de la danza. ¿Qué buscabas transmitir con esa propuesta visual?
Quise evitar una representación literal de la historia que inspiró la canción. Por eso trabajamos desde la metáfora. La muerte aparece encarnada en una figura femenina que danza y se mueve entre distintos espacios, observando y acompañando. Me interesaba mostrarla no como una amenaza, sino como una presencia inevitable que forma parte de nuestra existencia.
¿Cómo fue el trabajo junto al productor Esteban Jara y los músicos que participaron en la grabación desde distintas ciudades del país?
Fue una experiencia muy enriquecedora y profundamente colaborativa. Junto a Esteban Jara trabajamos buscando el sonido adecuado para que la canción encontrara su verdadera identidad. A eso se sumó el aporte de músicos que grabaron desde distintas ciudades, cada uno aportando su sensibilidad y experiencia. A pesar de la distancia geográfica, se generó una conexión muy especial en torno a la obra. Siento que esa diversidad de miradas terminó enriqueciendo enormemente el resultado final.
Tu trabajo suele estar muy vinculado a la identidad cultural de los territorios que habitas. ¿Cómo se refleja esa búsqueda en este nuevo lanzamiento?
La relación con el territorio atraviesa gran parte de mi trabajo artístico. Me interesa observar cómo las historias, las tradiciones y las expresiones culturales moldean nuestra manera de entender el mundo. En «Cuando me haga polvo» esa búsqueda aparece tanto en las sonoridades como en la mirada poética de la canción. Aunque en mi nuevo trabajo estoy explorando nuevas sonoridades más contemporáneas, siento que esta tenía que ser así, no me nacía de otra manera.
«Cuando me haga polvo» forma parte de una etapa importante en tu carrera. ¿Qué adelanta esta canción sobre el álbum que planeas lanzar durante este año?
Esta canción es una excepción a lo que estoy trabajando en paralelo en mi disco, como mencioné anteriormente, nació así, porque su letra y su temática me llevaba a ritmos tradicionales, pero lo que viene en mi disco, tiene un rescate identitario talvez en algunos timbres, sin embargo, tiene una exploración melódica, rítmica y sonora distinta, más contemporánea. Pero siempre con una mirada arraigada a Latinoamérica.









































