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Cuando no tienes nada que perder…

Cuando no tienes nada que perder, el siguiente paso es ganar. Se supone que es la ley lógica del 2 + 2 o esa es la visión positiva de quien sabe que lo bueno de estar en franca desventaja es que no te puedes aferrar a nadie más que a ti mismo, como la inevitable ley de supervivencia donde quien gana es el más fuerte y a la que yo le agrego: ó el que no tiene nada que perder.

La vida siempre nos muestra diferentes caminos. Las opciones son múltiples, llenas de oportunidades, ¡siempre!. El problema es cegarse y seguir como los caballos del hipódromo: encaminados en una sola línea, creyendo que llegarán a una meta establecida sin parangones.

Si me preguntan a donde quiero ir, lo que puedo responder es: donde la vida me lleve, porque sé que siempre me querrá llevar hacia la felicidad, eso si yo se lo permito.

He pasado meses buscando, indagando, intentando llegar a lo más profundo de mí misma para obtener respuestas, para adquirir conocimiento y una verdad que no soy capaz de comprender sola. Y sin duda he rozado el fondo, he visto aquel lugar inhóspito que existe en mi cuerpo, bajo la piel, las entrañas y el alma… Y he comenzado el camino inverso, porque he cambiado, porque he visto lo desconocido y he comprendido desde dentro hacia fuera lo que mi vida necesita.

Poner un límite no es fácil, y si naciste con la armadura puesta es muy difícil saber cuando no hay que luchar más, cuando tu lucha tiene que cambiar de rumbo o simplemente, dejar descansar al enemigo que, finalmente, eras tú misma.

La vida es así de sabia, la ley de la naturaleza llega porque es su misión, su verdad y como sea te envía señales, hasta que las puedas ver. A veces el límite no lo pone una sino el cuerpo y su infinita capacidad de hablar, el punto es que cuando te escuchas, se abre un cielo jamás explorado y comienzas por fin a sonreír sin culpa.

Creo que no estoy tan errada, ustedes tampoco tienen mucho que perder si no se lanzan y disfrutan el saltar… ahora es cuando, salta, grita, goza y disfruta, que ¡esta es la vida!