Los leones abatidos y el suicida al que nadie ayudó

El caso de los dos leones abatidos a tiros en el Zoológico Metropolitano de Santiago no ha dejado a nadie indiferente, incluso ha dado la vuelta al mundo desatando las más variadas opiniones. Supe que hasta la actriz de «Penny» de The Big Bang Theory despotricó en contra de estas injustas muertes y el hecho de que se haya dejado con vida al joven que se lanzó dentro de la jaula.

Así como ella, la mayoría de las opiniones fueron negativas hacia el actuar de los cuidadores del zoológico, quienes decidieron acabar con la vida de los dos animales para salvar la vida de un joven que irónicamente, se había lanzado al encuentro de los leones con la intención de suicidarse.

«Si él quería morir, ¿por qué mataron a los dos leones inocentes?» «Debieron dejar que muriera el suicida y no matar a los pobres leones»

Claro, no es justo. Esos leones no merecían morir de esa manera, ni siquiera merecían vivir enjaulados en un lugar que les provee solo una ilusión de la vida que unos animales tan magníficos se merecen. Ellos deberían haber estado corriendo en medio de una selva africana que les diera ese sentido de libertad que tan pocas especies animales pueden ostentar en la actualidad.

Pero Franco Ferrada sufría de depresión, la cual había sido propiciada por una terrible vida, llena de pérdidas y carencias desde su infancia. Era un árbol que había crecido torcido bajo las tempestades y no tuvo ningún apoyo para enderezarse. Su salud mental estaba completamente dañada y ya no era capaz de ver una realidad frente así en la que no hubiera sufrimiento. Solo tenía una retorcida idea religiosa de lo que podría ser su salvación, y corrió hacia ella del modo más directo que pudo: ser un mártir religioso al igual que aquellos católicos de principios de la era cristiana que eran enfrentados a leones en el coliseo.

¡Uff! dirán algunos… ¡Enfermo mental! dirán otros… Y si, estaba enfermo.

Conozco a varias personas que han sufrido de depresión en alguna etapa de sus vidas… me incluyo en eso. Y cuando la depresión que no se trata a tiempo puede tener los peores resultados.

De aquellas personas depresivas que yo conocí, dos de ellas efectivamente lograron suicidarse. Un joven amigo de mi infancia, quien un día, mientras regresaba desde el trabajo hacia su casa, se detuvo en una pasarela sobre una autopista y decidió saltar sobre los autos. Y un pariente político que a sus ventitantos años, una noche en medio de su solitaria cena en su casa, envió un mensaje de texto pidiendo ayuda y luego puso una bala dentro de una pistola y decidió jugarse su vida en una ruleta rusa contra él mismo… y perdió.

La depresión es un problema serio, es una enfermedad que se lleva la vida de personas que sufren profundamente, y también se lleva la vida de otros. Así como murieron los leones, víctimas inmerecidas de la depresión de Franco, también murió esa pequeña niña de 4 años, que fue sacada de su cama en medio de la noche por su madre, quien con ella en brazos se lanzó de un piso 21 hace un par de días.

¿Qué los lleva a hacer eso? Pues, el dolor.

Dicen que el suicidio es la opción de los cobardes, pero honestamente pienso que se necesita valentía o sufrir de una desesperación más grande que el mismo miedo como para tomar esa decisión. 

Una madre que salta desde un edificio con aquello que más ama en el mundo solo debe haber estado hundida en la tortura más absoluta como para optar por acabar con sus vidas, y según lo que leí, así era.

Los otros que mueren un poco en vida después de un suicidio son aquellos familiares y amigos que quedan vivos y se enfrentan al hecho de, tal vez, no haber tomado medidas para ayudar antes a aquella persona que terminó con su vida. Porque la depresión es un mal que se oculta tras una fachada de melancolía o «tristeza simple» que muchos dejan pasar sin darle importancia.

pero los suicidas avisan de una forma u otra. Escucharlos a tiempo y darles la debida atención es lo que hace la diferencia entre un final fatal y una persona recuperada. Lamentablemente vivimos en una sociedad que está acostumbrada a la incidencia de enfermedades mentales y emocionales, y las trata casi como un estado normal de la vida. Somos gente que se ha acostumbrado a vivir sufriendo por dentro, a levantarnos con pena, a padecer estrés, a trabajar en cosas que no nos gustan, a estar emparejados con alguien que no amamos, a odiar nuestras vidas…

Los leones del zoológico, debo decirlo, no se merecieron morir por culpa de Franco. Por cierto, tampoco se merecían vivir en ese encierro absurdo para ser observados a través de barrotes. Pero Franco no se merecía vivir con un sufrimiento no le permitiera ver otra salida que su muerte y la desesperación de no recibir ayuda. A él también le fallamos como sociedad.

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Advertencia: Imágenes que pueden resultar fuertes

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franco ferrada

leon muerto