Me enamoré de otra mujer

0
1226

“A mí me gustan las mujeres” Es la frase que nunca me he atrevido a decir en voz alta. Tal vez porque hasta hace un par de años yo jamás me hubiera imaginado que las mujeres eran lo mío.

En mi colegio todo giraba en torno a las tribus urbanas, y por lo general no era difícil ser encasillada en una de ellas. Yo por ejemplo, era de las “pelolais” de aquellos tiempos; el clásico grupo de las “minas ricas de pelo largo” que todos querían conocer. Aunque esto no era tanto mérito mío como sí era de mis amigas, bastante más bonitas que yo, que soy de contextura delgada, pero nada fuera del otro mundo a excepción de un pelo lleno de rulos que me encantan.

Fueron esos rulos los que me hicieron conocer a la que años más tarde sería la primera mujer con la que tuve sexo.

Ella era de la tribu urbana de las lesbianas asumidas. Un grupo bien diverso de niñas bastante simpáticas aunque a mi gusto, algo exhibicionistas con la excusa de “igualdad de derechos”, aunque las parejas heterosexuales no estaban todo el tiempo dándole al toqueteo como ellas.

Un día coincidimos en una feria de carreras universitarias, las dos averiguando acerca de diseño. Ahí fue cuando comenzamos a hacernos amigas y ella mencionó que siempre había querido preguntarme qué uso en el pelo para mantener mis rulos así de lindos. Su coqueteo me acarició el ego de inmediato y tengo que asumir que ya en ese entonces yo sentía una especie de morbo curioso por ese grupo de mujeres que se besaban en el patio y fantaseaba cada tanto con escenas mentales de contenido erótico, pero jamás pensé que algo de eso podría llegar a hacerse realidad.

Pasó el tiempo y pese a que ninguna de las dos estudió diseño, seguimos en contacto muy cercano gracias a facebook y últimamente conversábamos bien seguido o por whatsapp. La nuestra era una amistad con harta confianza, en donde ella me ayudó a superar el rompimiento con el que fue mi pololo por más de 3 años y yo la apoyaba con su mala autoestima, ya que siempre se sintió fea como para gustarle a las mujeres que a ella le gustaban… algo que siempre me pareció absurdo, ya que ella es hermosa.

Un día ambas fuimos invitadas al cumpleaños de otra amiga en común, así que nos encontramos después de varios años sin vernos en persona. Ese fue el momento en el que me di cuenta de que lo que se sentía entre nosotras fluía como un río desbocado. No solo era amistad mezclada con algo de tentación, sino que el impulso de ir acercándonos era como una rueda girando y agarrando velocidad furiosa. No fui capaz de contenerme ni un solo momento.

Cuando, después de unos tragos y un difícilmente disimulado coqueteo entre nosotras, ella se me acercó al oído y me preguntó si quería irme a su departamento, mi entrepierna se sintió como fuego y supe que iba a decir que sí aún con el miedo que muy en el fondo mío me pedía que me controlara ante lo desconocido.

Nuestras manos y piernas juguetearon en el taxi de camino y cuando nos bajamos a una cuadra de su edificio nos besamos como locas ahí mismo en la calle. No tengo ninguna duda al decir que fue el mejor beso de mi vida. Lo que pasaba por mi cabeza era una confusión y a la vez una excitación incontenible. Nunca había sentido algo parecido a eso.

Al llegar a su departamento comenzó a darme miedo y a sentirme cohibida, no por la situación, sino por mi absoluta ignorancia acerca de cómo funcionaban las relaciones entre dos mujeres. Y pese a que el efecto del alcohol me había ayudado a tomar valentía, en ese momento poco quedaba de la yo intrépida que la había seguido segada por un deseo desconocido para mí.

Ella se dio cuenta de inmediato y me tranquilizó diciéndome que nada tenía que pasar e incluso que si yo daba pie atrás seguiríamos siendo amigas como si nada hubiera pasado, pero ahí comprendí que yo QUERÍA eso. Que la decepción de no tener relaciones con ella sería algo insoportable después, así que me acerqué y la besé de nuevo mientras le sacaba la ropa torpemente. Nunca me imaginé lo difícil que era sacar el sostén de otra mujer que no fuera yo jaja

Esa noche fue magnífica. Había terminado una relación de un par de meses tan solo algunas semanas atrás, así que el recuerdo del sexo con él todavía estaba latente en mí. Pero el sexo con ella fue mejor de lo que tuve en todos esos años desde que perdí mi virginidad con un hombre.

Es probable que la cercanía emocional que sentíamos antes de eso haya ayudado a que yo confiara en ella y le permitiera llegar hasta límites que yo no pensé traspasar nunca. Sus movimientos siempre fueron suaves y gentiles y se dedicó a satisfacerme mientras me enseñaba paso a paso cómo hacían el amor dos mujeres.

Después de haber tenido los mejores orgasmos del mundo, me dediqué a hacerle sentir lo mismo a ella, aunque debo decir que aquella vez no fue mi mejor puesta en escena debido a mi ignorancia en el tema, pero al menos con el tiempo, las siguientes mejoraron mucho.

Estuvimos saliendo durante casi un año. Todo siempre de forma disimulada para mi familia y todos mis conocidos. Nunca fui capaz de admitirle al mundo lo mucho que me había enamorado de ella y eso al final  fue lo que nos pasó la cuenta.

Nuestra “ruptura amistosa” fue terrible. Ella conoció a otra chica pronto y comenzaron una relación muy pública, lo cual a mí me destruyó completamente. Busqué refugio en otras mujeres que conocí del círculo que la rodeaba, pero nunca fue lo mismo. Finalmente conocí a un buen hombre, que es la pareja con la que estoy actualmente, quien no sabe nada de este pasado lésbico.

Ella se fue a vivir a Dinamarca hace aproximadamente 8 meses. Me enteré de eso espiando por enésima vez su facebook (en el cual ya no somos amigas).

Hace un tiempo atrás vi el episodio “San Junipero” de la serie de Netflix Black Mirror y quedé devastada. La historia de esas dos enamoradas me hizo volver de golpe a esos recuerdos de nuestras risas, nuestras conversaciones interminables, su cuerpo moviéndose apegado al mío, sus manos y su boca recorriéndome.

No sé si alguna vez volveremos a encontrarnos o si yo seré capaz de decirle al mundo que realmente me gustan las mujeres, especialmente ella. Lamentablemente en mi familia nunca lo comprenderían. Lo único que tengo claro es que mi mente y mi cuerpo nunca han vuelto a sentir el éxtasis que sentí junto a la mujer que me completaba y a la cual todavía amo.

Esta es una colaboración de una querida amiga de la comunidad de Incorrectas, que ha preferido permanecer anónima. ¡Muchas gracias por confiarnos tu historia!

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here