Cuánto tienes, cuánto vales

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Era un fin de mes muy concurrido. Santiago estaba lleno de movimiento y mi trabajo igual. Soy administradora en un restorán de sushi y a la hora de almuerzo usualmente estoy ahí, atendiendo al público junto al resto del personal.

Mi idea es siempre atender lo mejor posible a los comensales para que se sientan como en casa, todo esto acorde a mi personalidad muy amistosa con todo el mundo.

Ese día uno de los clientes vino por segunda vez. Un brasileño de aproximadamente 55 años, estructura muy gruesa y canoso. Cuando me acerqué para retirar su plato y ofrecerle algún postre de la carta, comenzó a hablarme acerca de él y su trabajo. Se vanagloriaba de que él trabajaba mucho, que era casi como un chileno más, cambiando su actitud desde la simpatía a la petulancia.

Cuando llegó el momento de pagar, se acercó al mesón de caja y sacó mucho más dinero del necesario para pagar una cuenta que no era tanto. Comenzó un pequeño diálogo:

– ¿Desea agregar propina del 10%?

– Obvio, como no agregar propina para una chica tan simpática, amable, guapa, proactiva…

– Muchas gracias – sonreí con amabilidad.

Poco a poco fue acercándose más al mesón, llegando a traspasar hacia mi espacio personal de trabajo para sacar de su bolsillo una billetera, la cual abrió para mostrarme su contenido.

– Yo trabajo y tengo mucho de esto… ¿Ves?  – dijo mirándome fijamente, dándome a entender qué estaba lanzándome un anzuelo.

Lo que había ahí era un fajo enorme de dólares (mínimo unos 700)

Me chocó mucho su actitud intentando demostrarme su poder monetario. Directa y amablemente me despedí, pues quería que se fuera luego.

Me sentí morir por dentro durante unos segundos. Fue una sensación completamente ofensiva, pues claramente la intención que tenía era obtener lo que fuera de mí a través de su dinero.

Todo esto me quedo dando vueltas mucho rato, llegué a culparme incluso a mí misma por haber estado usando falda para trabajar o tal vez debido a mi simpatía al atenderlo. Pero ¿Por qué después de 8 años trabajando en ese lugar, recién me viene a pasar algo así? Precisamente ahora está todo el tema de las agresiones a las mujeres y muchas se están atreviendo a dar la cara con respecto a los acosos. 

Lamentablemente pareciera que a muchas mujeres todavía les sigue preocupando demasiado su físico y su vestimenta para seducir  a hombres que prefieren quedarse con una chica sin cerebro, a la cual podrían regalarle un par de cosas para compensar un numerito (es cosa de ver a los futbolistas y sus señoras en portadas de diarios con incontables pares de zapatos). Yo he logrado mucho en mi vida gracias a mi esfuerzo y trabajo y no me quedaría con un hombre que prefiera validar a los demás a través del dinero.

No digo q renunciemos a nuestros avances en cuanto a igualdad laboral o sexual, pero por ejemplo, siento que es muy agresivo que un hombre llame a una mujer a las 12 de la noche para un «touch and go» y ella rápidamente corra. Y no, no es de cartucha, pero creo que es una falta de respeto hacia una misma el estar siempre disponible para un hombre, dispuesta para el sexo y para satisfacerlo a la hora que él desee con tal de no perderlo. Lo encuentro despreciable… ¿realmente vales eso?

¡Y lo peor! Adelgazamos para que ellos nos «quieran» (más encima querer como un objeto y no con sentimientos) mientras ellos y sus amigos se comen un asado y beben cervezas y cuando llega a hora de conquistar, llegan sin siquiera bañarse… ¡Y ni hablarles de bajar de peso!

Si nos violentan con estas cosas, la mejor manera de protestar, más allá de llenar un Facebook con fotos e imágenes, es poner el limite sin miedo.

Además nosotras, las mujeres somos quienes criamos a los hijos machistas y después nos quejamos… ¿Por qué mejor no les enseñamos desde pequeños que ellos también vienen de una mujer y que a ellas se les debe conquistar, seducir, enamorar y no forzar por otros medios? ¿Por qué permitimos y promovemos programas de TV en donde salen modelos con poca ropa y sexualizan nuestra imagen?

Si queremos que ellos cambien, también cambiemos nosotras nuestra actitud y no permitamos que los hombres nos vean como objetos hechos para satisfacerlos y tampoco permitamos que ellos crezcan pensando que una mujer es alguien que se puede comprar o violentar para obtener de ella lo que quieran. El cambio comienza en nosotras.

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